new media art collaborative network

Levántate


Instalación interactiva, 2002-2005
Mariela Cádiz / Kent Clelland

En Levántate la imagen de un cuerpo electrónico, proyectado cenitalmente sobre una especie de sarcófago, visualiza la parte más intangible de la naturaleza humana: un incesante flujo de información y energía en constante transformación.


El cuerpo humano, entendido como emisor y receptor de información, está permanentemente en comunicación e interacción con su entorno. Las continuas señales materiales e inmateriales que recibimos nos informan y transforman, nos nutren y consumen. Nuestra existencia emerge y evoluciona en un campo de interferencias entre los imaginarios individuales y colectivos. Somos tan permeables a la información externa como vulnerables a la agresión, la manipulación o la transformación medio y media ambiental.


La instalación invita a una «vigilia digital» en la que los observadores forman parte del proceso creativo, destructivo y regenerativo de la obra. Como espectadores somos testigos y, al mismo tiempo, formamos parte del sistema interactivo: si hablamos podemos alterar sutilmente el proceso de transformación del cuerpo y, al cabo de un tiempo, podremos escuchar nuestras propias voces desintegrarse y disolverse lentamente en el aire.


Impresiones, ecos, resonancias: la memoria de los que están presentes se
transforma y dispersa en el aether digital. La vida artificial se alimenta de las vivencias y las emociones del presente así como de las reminiscencias de la memoria colectiva.


El cuerpo receptor-emisor se convierte así en una luminosa y frágil membrana electrónica que existe a través del lenguaje y la memoria. No hay principio ni final, no hay punto de partida ni conclusión. La imagen y su código viven en perpetuo flujo. El cuerpo electrónico permanece, destruyéndose y preservándose cuidadosamente, alterándose con el latido caótico de nuestras voces y las de quienes hablaron antes que nosotros. En la era de la entropía digital la información no se destruye ni muere: se transforma.

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imagina un espacio completamente oscuro, imagina una luz que cae desde arriba, revelando la forma y el volumen de una escultura que, con formas muy simples y suaves, recuerda un sarcófago (la representación simbólica de un cuerpo inerte) o una crisálida (la representación simbólica de un cuerpo en metamorfosis)


imagina que sobre esta escultura ves proyectado el cuerpo electrónico de una mujer desintegrándose, transformándose y regenerándose lentamente; viviendo y muriendo artificialmente


imagina que escuchas una composición musical hecha de fragmentos y ecos de voces digitalmente descompuestos


imagina que hablas y ves cómo tu voz acelera, modula, afecta el proceso de transformación del cuerpo que estás mirando, y que al cabo de un tiempo escuchas cómo el eco de tu voz se añade al murmullo de voces que con su caótico latido alimenta el incesante proceso que da vida al cuerpo


la imagen de este cuerpo electrónico visualiza la parte más intangible del cuerpo humano: la transformación incesante de flujos de información y energía. el cuerpo, entendido como emisor y receptor de señales, está en constante comunicación e interacción con su entorno


la información que el cuerpo recibe lo alimenta, transforma, destruye y regenera


todos los elementos tecnológicos de la instalación están interconectados como un sistema de vida artificial que se alimenta de los sonidos en directo de un micrófono oculto en la oscuridad


los sonidos que capta el micrófono son utilizados por dos corazones electrónicos (dos ordenadores), el uno conectado al otro en permanente transfusión de datos, para procesar en tiempo real todo lo que determina e influye en el proceso de destrucción y regeneración del cuerpo electrónico


mientras un ordenador genera el cuerpo en función del sonido, el otro ordenador genera una composición musical algorítmica de voces digitalmente descompuestas. este entorno sonoro en constante transformación consta de un sistema interactivo de retroalimentación acústica que vuelve a recoger los sonidos escuchados junto con los generados por el público presente.


como espectadores somos testigos que, al mismo tiempo, acabamos formando parte del sistema interactivo: si hablamos en el espacio de la instalación, el cuerpo responderá sutilmente a nuestros sonidos y, al cabo de un tiempo, podremos escuchar nuestras propias voces descomponerse y morir en el aire


la instalación invita a un acercamiento íntimo y directo y permite que el espectador forme parte del proceso creativo y generativo de la obra. el cuerpo permanece, alimentándose de un contínuo presente procesado, cuidadosamente destruyéndose y preservándose, tan sólo alterándose con el latido de nuestras voces y las de quienes, antes de nosotros, hablaron


no hay principio (un cuerpo intacto) ni final (la desaparición del cuerpo), no hay punto de partida ni conclusion. vivimos en un proceso y un procesar sin fin


en este cuerpo sometido a la entropía digital, la información no se destruye ni muere: se transforma. el cuerpo se alimenta de datos y subsiste en eterna erosión y regeneración digital


me interesa el caracter invocador de la tecnología tanto como su caracter simbólico : a nivel visual me he inspirado en las tecnologías de visualización científica que se están desarrollando en este momento: tecnologías diagnósticas médicas, fotografías de visualización científica, técnicas de teledetección, termografías e imágenes de satélite y astronomía digital


son lenguajes, códigos que creamos y a través de los cuales somos capaces de analizar, interpretar y descifrar el mundo en que vivimos y la oscuridad de nuestras entrañas. estas formas investigar, codificar y descodificar digitalmente la realidad también responde a nuestra necesidad de buscar espejos electrónicos en los que reconocernos


el cuerpo existe a través del lenguaje y de sus representaciones; es así como su imagen, su código informático, es un campo de batalla entre la creación, la destrucción y la regeneración.


en la disolución tecnológica de los límites de la vida continuamente surgen nuevas imágenes, nuevas metáforas, ninguna final, siempre en proceso. cada una inquietante a su manera. LEVÁNTATE es un proyecto y un proceso sin final. la tecnología es un mantra que nos ayuda a imaginar una y mil vidas